Desde la 811

El año pasado tuve la suerte de vivir en un 8º piso. Y desde las alturas, el mundo que aparece al asomarse por la ventana resulta ser un mundo nuevo. Una realidad cautivadora que sorprende cada día con cielos distintos, con atardeceres apocalípticos, o con ángulos y perspectivas inusuales de lo que sucede ‘ahí abajo’.

Sentado en el alféizar, leyendo una novela o escuchando Creedence vi llegar el otoño. Y con él, el baño dorado que reciben cada año las copas de los árboles del campus.

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